sábado, 16 de abril de 2011

POR QUÉ

© Patricia Karina Vergara Sánchez
pakave@hotmail.com


“Qué gente tan mal educada
esa que escribe consignas en las paredes
de las calles que no le pertenecen”,
señalan con desprecio
los dueños de la radio y del diario.

“Qué gente tan cobarde”,
ríe bebiendo cerveza el granadero
que hace un par de horas blandió su tolete.

“Aquí no hay muertos”, dice el opresor,
mientras en los hogares velan
a los que han sido asesinados hoy.

“Ni que fuera para tanto”,
le dice él a la que fue herida,
a la que fue traicionada.

“Aquí, nada hay que te pertenezca”,
cuenta sus trece monedas
el macho que vendió a su amante.

Pareciera que aquí nadie quedó
intentando reunir los añicos de la fe.

Se atreve, el poderoso,
a dictarme silencio.
Me ordena mantenerme callada,
guardar el secreto.

Que no remueva el río,
no sea que salga a flote
el excremento que tiene dentro.

¿Por qué hablar del horror?
¿Por qué remover los escombros?
¿Por qué escribir en las paredes,
en los quicios de las puertas,
en los andenes del tren,
hasta en el pavimento,
con tiza que no renuncia,
que no cansa?

No es que no pueda yo ser feliz,
sólo es que no soporto
que se consienta el cinismo:
“Aquí no ha ocurrido nada”.

Sólo es que no tolero
que nos llamen resentidas, rencorosas.
Que sobren tantos adjetivos
a quienes saben cómo violentar.

Mientras ellos se apropian
de lo que laboramos,
de lo que construimos,
de lo que soñamos.
Y sonríen brindando con vino blanco.

Que Pinochet muriera en una cama blanda,
que Luis Echeverría esté libre,
que el traidor se divierta vacacionando,
que los policías violadores de Atenco
se hayan llevado una palmada en la espalda,
y las heridas estén abiertas en Honduras,
en Acteal, en Latinoamérica, las mujeres asesinadas
-por decir nada más de unas cuantas cosas.

Porque soy tan libre como puedo,
pero no olvido el oprobio.

Porque amo y soy amada,
pero sé quién es el asesino.

Porque tengo hermanas que luchan
y voy a la lucha con ellas.

Porque tengo tanto que no pueden sentir
quienes desprecian la ternura,
como si entendieran de qué se trata.

Por eso, no declaro batallas infames.
No quiero negociar mi nombre.
Ni me alcanzan las medias tintas justificantes
de los que se dicen amantes,
pero son abusadores.

Sin embargo, sé que es tarea impostergable
arar la tierra, acariciar las semillas, sembrar
y creer que otra cosa está naciendo y que será visible
cuando crezca el árbol de justicia;
cuando estas palabras se estampen en sus rostros
como saliva caliente de esta rencorosa, resentida, pequeñita.
Para que les ardan los ojos rojos de ira, rojos de vergüenza.
Para que, por primera vez, sientan qué significa inclinar el rostro.

Para que de una vez entiendan
que para los traidores,
para los maltratadores,
para todos los malditos:

Hay denuncia, que no olvida.
Hay sed, que no perdona.
Hay memoria combativa.

                                    

                                                                        

ROTA


© Patricia Karina Vergara Sánchez
pakave@hotmail.com

¿Qué si he sido rota?

Como la primavera.
Como la inocencia.
Como la magia.

Algo adentro
fue convertido en trozos
deformes, doloridos,
de la que un día yo fui.

Colapso, cataclismo.
Caminé, hablé, me sostuve ante los otros.
Sólo fingía, mientras la herida sangraba.

¿Qué si he sido rota?

La cordura perdida.
La fe desmoronada.
El alma como extraviada.
Yo, desmembrada.

Me bebí el dolor,
me dormí en el llanto,
me desperté en la locura.

El mundo se me rebeló ajeno.
Irreconocible, irreconciliable.
Humillada, herida, sola.
De rodillas y la cara enterrada.

¿Rota?

Cuando pude estar sola,
me senté en el piso.
Aúlle de dolor.
Me arrastré rasguñando la tierra.
Me ahogué de lágrimas.
Vomité de amargura.

Y no entendí por qué pasó todo.
Y no entiendo todavía hoy.

Casi muero,
pero me sostiene la rabia.

Casi muero,
pero no estoy muerta.

Casi muero,
y estoy rota.
Sin embargo,
voy a encontrar la forma de levantar el rostro.

viernes, 15 de abril de 2011

AGUA QUE NO SE DERRAMA

© Patricia Karina Vergara Sánchez
pakave@hotmail.com

Desmoronas al mundo,
en tu hacer de cada día.
Parece que sabes que es tu tarea,
más importante que cualquier otra.

Como si al amanecer enumeraras los deberes:
Lavar la ropa.
Patear al patriarcado.
Alimentar a las gallinas.
Acompañar a una amiga.
Traer los víveres.
Silenciar a un misógino.
Coser la falda roja.

Vas por la calle, para el mercado,
detienes, retadora, la mano del acosador
antes de que toque a la niña.

Confrontas
a la que se ha pintado de rubio el cabello,
le preguntas que si no se mira morena en el espejo.

Asistes a misa y le dices al curita ese
que qué panzón está hoy
y qué flacos andan los niños.

Cuando te señalan los corrillos
que por qué eres madre sola
contestas que te tienes contigo.

Cuando te pregunto
que por qué te llamas feminista
qué entiendes tú de la palabra esa,
en esta provincia escondida.

Tú me dices que te imaginas,
que tal vez, que ha de ser,
como cuando hay sed en este pueblo.
Cuando las mujeres acarrean las cubetas de agua,
se ayudan, todas juntas,todos los días
... por el mismo camino.

DESDE LA INSIGNIFICANCIA

© Patricia Karina Vergara Sánchez
pakave@hotmail.com


¿Cómo te atreves?
Insolente.

Pretendes calificarme
sin saber cómo se vive
desde la orilla del acantilado.

Tú, ostentando propiedad
del mundo.
de su idea moral
y del buen proceder.

Te estorbo tanto,
que sería largo
tratar de enumerar,
en exacto,
aquello que juzgas.

Que me he negado
a ser tu musa
o la imagen étnica
que te justifica.
Que me he cansado
de la servidumbre.
Que estoy harta
de la incondicionalidad absurda.

Probablemente,
es porque tomé la opción
de abrir la mirada,
de escuchar mi voz,
de nombrar a mi hermana,
y hube de apropiarme
de mi hacer autonomía.

Entonces, me acusas:

Que soy vanidosa.

Que me falta sabiduría
- para entender tus reglas.

Que de mi boca salen mentiras
- porque no me puedo tragar tus verdades.

Porque tomé la palabra.
Porque inventé mi camino.
Me llamas infiel.
Otra vez soy la hereje.
Nuevamente, la pecadora.

Tú, desde la altura iluminada,
sentencias, como si pudieras,
sobre el alma mía,
y me llamas mujer de oscuridad.

Desde tus altares,
ante tus tribunas,
empuñando tu cetro.
Has ordenado desfigurar
la imagen de mi rostro.
Has intentado borrar mi nombre
de los testimonios.

Pero,
no logras el olvido
de mi existencia.

Déjame, déjame.
Elijo ser la paria.
La infecciosa.
La insuficiente.

Me quedo aquí,
vanidosa,
instintiva,
con mi inteligencia poca,
con mi verdad sombría.

Me quedo aquí,
Sentada en mi soberbia.
Ya que una cosa entiendo.
Una sola, es cierto:

Si ando tan errada;
Si tengo el camino tan perdido;
Por qué insistir en negar
lo que no cuenta.

Por qué tú, desde el poder,
te ocupas de contenerme,
de acosarme, de acorralarme.
Por qué, si soy apenas nada.

Por qué, entonces,
mis preguntas abren grietas.

Por qué si cuestiono yo,
tú y tus jerarquías remojan cimientos.

Por qué, si abro yo la boca,
tú tiemblas





miércoles, 13 de abril de 2011

ME DIJERON


© Patricia Karina Vergara Sánchez
pakave@hotmail.com

El otro día me dijeron
que frene la lengua,
que modere los actos,
que critique, que señale,
que me inconforme,
pero, en voz baja
y entre nosotras.

Que los compañeros de lucha,
cualquier lucha,
se pueden sentir afectados.

Que espere, que el movimiento social,
cualquier movimiento social,
tiene planes para las mujeres,
pero, que espere,
todavía no es el tiempo, ni la hora.

El otro día me dijeron
que sea más responsable
al decir antipatriarcado,
al denunciar al que acosa,
al señalar al que desprecia.

Que cuide a los compañeros,
que sea amorosa,
que les haga sentir bienvenidos,
que mis reclamos no vayan a ofenderlos.

Me lo dijo una, que se dice compañera,
y le he preguntado.
Pero, no ha ido a ver al indio,
para decirle que denuncie bajito
al caxlan que lo desprecia.

Y no ha ido a ver al obrero,
para decirle que espere,
que sea más amable
en sus reclamos con el patrón.

Y no ha ido a ver al campesino,
para decirle que defienda su tierra
con amabilidad y sonrisa.

Pero a mí, si ha venido a hablarme
para decirme que no vea,
que si veo no señale,
que no lo tome como ofensa.
Que comprenda.

Me dijeron.
Que finja, que no me de cuenta
de que éste mira mis senos,
de que éste me estorba la palabra,
de que éste me llama a la elegancia femenina
de que éstos no son de los míos.
De que dicen lesbiana, pero en voz baja.

Que por las buenas son mejor las cosas.
Que no demuestre el abuso.
Que no llame machista.
Que no use la palabra misoginia
para el que me niega.

Que acompañe al movimiento
y, por las buenas, ya irá tocando la nuestra.

Me dijeron,
y estoy pensando que no es justo.

Para murmurar el descontento,
para perpetuar los roles,
mejor me habría quedado en casa a lavar los platos.

Que nada más no puedo.
Ni he de callarme.
Ni cerrar lo ojos, ni fingir.
Ni moderar la lengua ni los actos.
Que no dejaré de criticar, ni de señalar, ni de inconformarme.

Ya hemos dado mucho.
Ya dieron bastante mis madres y abuelas.
Hemos sido tantas:
Las presas políticas,
las agredidas,
las trabajadoras,
las que sostienen la casa mientras la huelga,
las que siembran la tierra,
las sindicalistas,
las maestras,
las que nunca son nombradas,
las que toman los medios.
las que barren y reparten volantes
mientras el macho líder hace discurso.
Las que ya están hartas…
Todas, mis hermanas.

Que ya toca la nuestra y no para luego.
Que hay que decir: ya, a este tiempo y a esta hora.

Que para gritar contra la opresión, no hay corrección política.
Decir: hay una izquierda  machista y reaccionaria, no me atemoriza.

Me dijeron, me sugieren, me invitan a moderarme.
Pero, yo, nada más no puedo.

Yo entiendo ser mujer de otra forma.
Yo quiero de otro modo hacer las cosas.

No voy a disculparme,
No puedo condolerme.

Porque tengo esta voz.
Es voz libre y autónoma.
Es voz nueva, revolucionaria.

Tengo esta voz fuerte.
Voz lesbiana, nunca más silenciada.


INDIA

© Patricia Karina Vergara Sánchez
pakave@hotmail.com

Soy india.
Morena, chata de la cara,
en un país racista
hasta la obsesión.

Soy lesbiana,
en una nación
que compulsivamente me persigue.

Insisto,
en la libertad de decidir sobre mi cuerpo,
en territorio
de quienes realizan leyes
que buscan doblegarme.

No creo en su dios,
aún cuando habito un Estado
opresivamente católico.

Invoco a las diosas,
entre los engranes de un patriarcado
que hace miles de años intenta ocultarlas.

Participo en la lucha laboral,
de un pueblo
ya comerciado y en las manos del patrón.

Conozco la importancia
de la labor contestataria,
cuando en esta patria
se encarcela a quien disiente.

Soy antiimperialista,
viviendo al lado de Bush

Soy gorda,
en la cuna
de la tortura estética,
de la anorexia y de la bulimia.

He dado a luz,
en una era
que acabó con la esperanza,
ya hace tiempo.

Le apuesto a la lucha libertaria,
en el reino del televisor.

Soy pobre,
en un planeta
en donde comen migajas
tantos millones de pobres.

Soy feminista,
en una tierra hostil
a la palabra mujer

Soy mujer
En un tiempo
en que el femicido
nos ha vuelto desechables.

Por supuesto,
dicen que estoy loca,
extremadamente loca.
Que soy rara, que me he vuelto extraña.
Que no tengo lugar en el mundo.

Entonces, no me queda de otra:

Tengo que darle nombre al racismo,
que señalar el desprecio,
que elegir sobre mi vida,
que armarme antipatriarcal,
que inventar la fe para dársela a mi hija,
que rebelarme contra el patrón,
que escribir por la libertad a las presas políticas.
que denunciar al imperio,
que amar mi cuerpo,
que apagar el televisor,
que mostrar mis bolsillos,
que actuar contra la misoginia,
que buscar justicia para las mías,
que demandar castigo a los asesinos.

Es por todo ello,
Que no tengo más remedio
que darles la mala noticia
a las buenas y tranquilas conciencias:
Estoy aquí.
Exigiendo a gritos,
la parte que me corresponde del mundo.
Y no voy a callarme la boca, ni a desaparecer.